Una multitud de turiastas como yo me estorbaba y no conseguía aislar a la niña que me atraía sobre el fondo con vocación de infinito. Decidí borrarlos a todos y quedarme con la tierna modelo que puede que me lo agradeciese mirando a la cámara. Y esas máquinas expendedoras de tiques tendría que haberla quitado también, ¿no?
